Daniel.
La mano de Dios.
Baltas.
¡Tanto puede una voz, tanto,
Que de oirla me retiro!
De mi paciencia me admiro;
De mi cólera me espanto.
Enigma somos los dos;
Cuando tu muerte pretende
Mi furor, ¿quién te defiende,
Daniel.
La mano de Dios.
Baltas.
¡Tanto puede una voz, tanto,
Que de oirla me retiro!
De mi paciencia me admiro;
De mi cólera me espanto.
Enigma somos los dos;
Cuando tu muerte pretende
Mi furor, ¿quién te defiende,