¿Qué mucho que temerosa
La noche huyese, si vió
Que en vuestros ojos divinos
Madrugaba el claro sol?
Y no á los mios, parece
Que solamente salió
Esa luz que me ilumina,
Que me alumbra ese esplendor,
Sino á todo el jardin; pues
Obscuro el rubio arrebol