Una voz de bronce, una
Trompeta, que áun ahora tiemblo,
De aquella abrasó las plumas,
Desta deshizo el intento,
Quedando el templo y la estatua
Por despojos de los vientos...
¡Ay de mí! la Vanidad
Es la breve flor de almendro,
La Idolatría la rosa
Del sol; aquella, al primero