De cristales, cuyos vidrios,
Siempre inquietos, nunca rompan
De sus márgenes los grillos;
Para que desocupados
De la tierra los distritos,
Los hombros descubra, en quien
Descanse el grave, el prolijo
Peso de tanto eminente
Universal edificio.
Amor.
De cristales, cuyos vidrios,
Siempre inquietos, nunca rompan
De sus márgenes los grillos;
Para que desocupados
De la tierra los distritos,
Los hombros descubra, en quien
Descanse el grave, el prolijo
Peso de tanto eminente
Universal edificio.
Amor.