Que á su ilustre sangre debo

Aun no las debo yo, pues

El se las debe á sí mesmo,

¿Como crêrá que sin culpa

Tantas desdichas padezco,

Cuando al primero que obligo

Es el primero que ofendo?

Pero ¿qué importa, qué importa

Que en lo aparente y supuesto

Se conjuren contra mí