Como tu extremo y mi extremo,

En tí imaginando un Dios,

De ojos, manos y oidos lleno,

Que, como dijiste, sea

Causa de causas; y luégo

En mí un Dios imaginado,

A la vista de este estruendo,

Que sea pasible, he de hacer

De ambas dudas un compuesto

Para asunto de este acto.