¡Qué cuerdamente decia

Aquel sabio, que entre el ver

Padecer y el padecer,

Ninguna distancia habia!

Díjela que se habia ido

Cárlos, que encerrado ya

Dentro de mi cuarto está,

Porque él y yo hemos querido

Que nadie sepa este grave

Empeño, porque en efeto,