Su vida amparase. ¡Ah cielos!

¡Qué bien hace la mujer

Que habiendo de hacer un yerro,

Lo fía de buena sangre!

Dígalo yo, pues en medio

De su traicion y mi agravio,

Dispuse acudir primero

Al reparo de su vida,

Que no al de mi sentimiento.

«Sígueme presto,» la dije,