Sin melindres y sin ascos

Del qué dirán, porque sé

Que no dirán que hice agravio

A mi pundonor; y así,

Derribado al hombro el manto,

Descollada la altivez,

Atento el desembarazo,

Libre la cortesanía,

He de correr á mi salvo

Los siempre tranquilos golfos