[448] «Jubet ecclesias nuper structas diruere, et quidquid novo cultu in antiquis basilicis splendebat, fueratque temporibus arabum rudi formatione adiectum elidere, etc.» Memor. Sanctor., lib. III, Destructio basilicarum, cap. 3.

[449] Verificóse aquella en el año 853, y cinco años despues vemos al célebre Sanson hallarse de abad en el monasterio Peñamelariense, cuando vinieron á Córdoba por los cuerpos de los santos mártires Jorge y Aurelio los dos monges Usuardo y Olivardo de la abadía de S. German de Paris.

[450] Almundhyr sin embargo, mas inclinado á la paz que á la guerra, medió eficazmente para restablecer la concordia entre su padre Mohammed y el rey D. Alfonso. Con este motivo pasó á Córdoba el presbítero toledano Dulcidio, el cual cumplió su embajada tan á satisfaccion de ambos, que de vuelta á los estados de D. Alfonso se llevó consigo los cuerpos de S. Eulogio y Sta. Leocricia. El piadoso presbítero salió alegre de Córdoba con las santas reliquias en diciembre de aquel mismo año (883), y en enero del siguiente llegó á Oviedo, donde las recibieron con devocion suma y solemne pompa el rey, el arzobispo Hermenegildo y toda la corte.

[451] En este intérvalo florecieron pacíficamente los condes Adulfo y Guyfredo, á quienes celebró en sus epígramas latinos el arcipreste Ciprian: al primero por la biblioteca que habia regalado á la basílica de S. Acisclo (que tampoco habia sido destruida); y al segundo con motivo de un abanico ofrecido á la condesa Guysinda, su esposa.

[452] Consta de una lápida que en tiempo de Felipe II fué descubierta en el sitio llamado los Marmolejos, descifrada por Ambrosio de Morales, y colocada en el que era convento de S. Pablo.

[453] El rey de Leon D. Sancho, que acudió á Córdoba á curarse una hidropesía calificada de incurable.

[454] El mismo D. Sancho, que se hallaba desposeido de su trono; su abuela la reina Theuda; el rey de Navarra, su hijo; Ordoño IV, rey de Galicia; la condesa de Galicia, madre del conde Rodrigo Velascon; el conde D. Vela y sus hijos, etc.: todos los cuales fueron alojados, mantenidos con gran decencia, y espléndidamente agasajados por An-nasír y Alhakem, que se preciaban de ser el amparo y refugio de los príncipes estrangeros.

[455] El monge aleman Gerberto, que despues llegó á ser pontífice con el nombre de Silvestre II. Vino á Córdoba, dice en su Crónica el monge Ademaro, causa sophiæ, pues rivalizando en el cultivo de las ciencias y de la literatura los árabes, los cristianos y los judíos, llegó verdaderamente esta ciudad á convertirse en una nueva Atenas. Quien desee formarse alguna idea del amor que Alhakem II profesaba á las ciencias, y de los muchos hombres célebres que florecieron bajo su reinado, puede ver el cap. 6 del lib. VI de la Hist. de Al-Makkarí.

[456] Tambien resulta del acta del martirio de esta santa que permanecia en pié la basílica de los santos Fausto, Januario y Marcial. Otro tanto se infiere respecto de la basílica de S. Andrés de una lápida de mármol blanco, sumamente curiosa, que aun conserva la parroquia del mismo nombre en la haz interior de su pared septentrional. Dícese en ella en ocho elegantes versos yámbicos latinos, estar allí enterradas Speciosa y su hija Tranquila, vírgen consagrada á Dios, y que la hija murió en la Era 965 (A-D. 927), muriendo la madre despues en la Era 1004 (A-D. 966). De aquí tambien se deduce la grande antigüedad de esta basílica, puesto que, no siendo verosimil que fuese construida en los tiempos de desolacion y pobreza que siguieron al martirio de S. Eulogio, debe racionalmente creerse que existia ya en tiempo de este santo, y para conservarse en pié durante el reinado de Mohammed, debia ya contar mas de trescientos años de existencia segun el edicto del mismo arriba mencionado. De consiguiente la basílica de S. Andrés debió ser fundacion por lo menos del siglo VI de la Iglesia. Esto no se opone á que pudieran restaurarla despues los mozárabes segun su peculiar arquitectura; pero de todos modos la lápida referida, que cubre en aquel muro un sepulcro nunca violado, es prueba evidente de que dicho muro y la fábrica principal del templo estaban en pié á mediados del siglo X. El arqueólogo debe tener esto presente al visitar dicha iglesia en su parte antigua por dentro y fuera (pues el antiguo templo miraba á oriente y tenia su nave central en lo que es hoy crucero), y al comparar su ábside primitivo y su portada, que aun se conservan, con los de las parroquias que hemos designado como de mas remota edad.

Pegado á este ábside por la parte del mediodia hay un edificio que tambien indica grande antigüedad. Puede haber sido dependencia de la parroquia; pudiera quizás tambien haber servido de asilo á algunas religiosas ahuyentadas de su monasterio de la Sierra cuando las del monasterio Tabanense, entregado á las llamas, se refugiaron asimismo en una casa contigua á la basílica de S. Cipriano. En tal caso viviria la vírgen Tranquila con su madre junto á esta parroquia, como vivian unidas á la otra Sta. Columba y su hermana Isabel.