Esta basílica, dice Al-Makkarí (t. I, lib. III, cap. IV), era la principal de los cristianos, y á ella acudian peregrinos de lejanas tierras. El poeta árabe Ibn Shoheyd entró una noche en ella, vióla toda engalanada, llena de luces, cubierto el pavimento de ramas de mirto, en el momento de celebrarse en ella alguna solemne funcion, y salió escandalizado de las sagradas ceremonias de que habia sido testigo. Cuáles fueran estas no podemos decirlo, porque su narracion parece referirse al Santo Sacrificio, y al mismo tiempo habla de una funcion nocturna. «Estaban, dice, revestidos los sacerdotes con ricas vestiduras de seda, de varios y alegres colores, y adelantábanse á adorar á Jesus; y si se encaminaban hácia la marmórea fuente, era solo para sacar agua de ella en el hueco de la mano. Levantóse luego uno de ellos y se colocó en medio, y tomando el cáliz se dispuso á consagrar el vino; aplicó al licor sus ardientes labios, rojos como los de una doncella, y su fragancia le cautivó el sentido; pero cuando libó la deliciosa copa, su dulzura y suavidad le sumergieron en un profundo arrobamiento.»
[466] La de la catedral.
[467] Córdoba, tan afamada en otros tiempos por sus joyantes sederías, por sus vistosos guadamecíes, por sus delicadas obras de platería, por la abundante esportacion que hacia de sus mercaderías, de sus granos, aceites y otros frutos, á Italia, á Flandes, á las Indias, ve hoy arruinadas su industria y su agricultura, y no esporta mas que barriles de aceitunas, jabon, cordelería, cintas, zapatos y sombreros para las ferias de Andalucía y Estremadura.
[468] Entiéndase de la época de Fernando VII.
[469] Dos de estas recordamos, la de la puerta de Sevilla, y otra que se halla entre la puerta de Almodovar y la de Gallegos, frente al convento que fué de la Victoria.
[470] Supónese que se abrió aquel postigo para introducir ganado en la ciudad durante el cerco que le tenia puesto S. Fernando, y que habiendo logrado algunos soldados cristianos meterse entre el ganado, contribuyendo luego á que se tomase la Ajarquía, el rey moro cuando lo supo esclamó: ¡bien escusada era allí aquella puerta! (Memorias de la ciudad de Córdoba, M. S. de la Real Academia de la Hist. D. 129, relato 1.º)
[471] Historia general de la M. N. y M. L. Ciudad de Córdoba y de sus nobilísimas familias, atribuida al Dr. Andrés de Morales. Lib. VI, cap. I.—M. S. de la Real Academia de la Historia.
[472] Véase su lámina, donde por equivocacion se estampó el nombre de puerta de Sevilla. Sobre su dovelage hay un cartelon de mediano gusto con una inscripcion que dice: Reinando la sacra, católica y real magestad del rey D. Felipe nuestro señor, segundo de este nombre.
[473] Hoy ermita de Sta. Quiteria, en la calle de los Judíos. Véase la pág. [223].
[474] De las puertas interiores de la ciudad que dividian la Almedina y la Ajarquía señala tres Ambrosio de Morales, además de la del Sol y de la del Rincon: el portillo de la calle de la Feria, el de la Fuenseca, y la puerta del Hierro. De esta última hallamos mencion en Al-Makkarí y en Ben Adzarí bajo el mismo nombre (babu-l-hadid), y en algunos documentos posteriores á la reconquista. La puerta del Hierro se designa en la donacion de S. Fernando á los religiosos de Sto. Domingo como punto próximo al solar que se les adjudica para fundar el convento de S. Pablo; y por el mismo instrumento se comprueba que la huerta enclavada en el mismo se llamaba del Almezo y se estendia á toda la manzana. Feria. M. S. cit. fol. 32.