Y como se divulgase por todo este reino el valor de los Incas y su gran poder y la valentia de Viracocha Inga, que reinaba en el Cuzco, cada uno destos, queriendo granjear su amistad, la procuraron con embajadores que le enviaron para que quisiese mostrarse su valedor y ser contra su enemigo. Partidos estos mensajeros con grandes presentes, llegaron al Cuzco al tiempo quel Inca venia de los palacios ó tambos que para su pasatiempo habia mandado hacer en Xaquixaguana; y entendido á lo que venian, los oyó, mandando que los aposentasen en la ciudad y proveyesen de lo necesario; y tomando parescer con los orejones y ancianos de su consejo sobre lo que haria en lo tocante á las embajadas que habian venido del Collao, se acordó de pedir respuesta en los oráculos. Lo cual hacen delante de los ídolos los sacerdotes, y encojiendo sus hombros, meten la barba en los pechos, y haciendo grandes papos, que ellos mesmos parecen fieros diablos, comienzan hablar con voz alta y entonada. Algunas veces, yo, por mis ojos, ciertamente he oido hablar á indios con el Demonio; y en la provincia de Cartagena, en un pueblo marítimo llamado Bahayre, oí responder al Demonio en silvo tenorio, y con tales tenores, que yo no se cómo lo diga, mas que un chripstiano que estaba en el mesmo pueblo más de media legua de donde yo estaba, oyó el mesmo silvo, y despanto, estuvo algo mal dispuesto; y los indios dieron grandísima grita otro dia por la mañana publicando la respuesta del Diablo. Y en algunas partes desta tierra, como los defuntos los tengan en hamacas, entran en los cuerpos los demonios algunas veces y responden. A un Aranda oí yo decir, quen la isla de Cárex[135] vió tambien hablar á uno destos muertos, y es para reir las niñerias y embustes que les dice.
Pues como el Inca determinase de haber respuesta de los oráculos, envió los que solian ir á tales casos, y dicen que supo que le convenia ir al Collao y procurar el favor de Cari; y como este hobo entendido, mandó parescer ante sí á los mensajeros de Zapana, á los cuales dijo que dijesen á su Señor, que él saldria con brevedad del Cuzco para ver la tierra del Collao, á donde se verian y tratarian su amistad. A los que de parte de Cari vinieron, dijo que le dijesen cómo él se quedaba adrezando para ir en su ayuda y favor, que presto seria con él. Y como esto hobiese pasado, mandó el Inca hacer junta de gente para salir del Cuzco, dejando uno de los principales de su linaje por gobernador.
CAP. XLII.—De cómo Viracocha Inga pasó por las provincias de los Canches y Canas, y anduvo hasta que entró en la comarca de los Collas[ [136] y lo que sucedió entre Cari y Zapana.
Determinado por el Inca de ir al Collao, salió de la ciudad del Cuzco con mucha gente de guerra, y pasó por Móyna, y por los pueblos de Úrcos y Quiquixana. Como los Canches supieron la venida del Inca, acordaron de se juntar y salir con sus armas á le defender la pasada por su tierra; y por él entendido, les envió mensajeros que les dijesen que no tuviesen tal propósito, porque él no queria hacerles aquel enojo, ántes deseaba de los tener por amigos; y que si para él se venian los principales y capitanes, que les daria á beber con su propio vaso. Los Canches[137] respondieron á los mensajeros que no estaban por pasar por lo que decian, sino por defender su tierra de quien en ella entrase. Vueltos con la respuesta, encontraron con Viracocha Inga en Cangalla, y lleno de ira por lo poco que los Canches tuvieron su embajada, caminó con más priesa que hasta allí, y llegando á un pueblo que há por nombre Combapata, junto á un rio que por él pasa, halló á los Canches puestos en órden de guerra, y allí se dió entre unos y otros la batalla, donde de ambas partes murieron muchos, y fueron los Canches vencidos, y huyeron los que pudieron, y los vencedores tras ellos, prendiendo y matando. Y habiendo pasado gran rato, volvieron con el despojo, trayendo muchos cautivos, así hombres, como mujeres.
Y como esto hobiese pasado, los Canches de toda la provincia enviaron mensajeros al Inca para que les perdonase y en su servicio recebiese, y como él otra cosa no desease, lo otorgó con las condiciones que solia, que era, que rescibiesen por soberanos señores á los del Cuzco y se rigiesen por sus leyes y costumbres, tributando con lo que en sus pueblos hobiese, conforme como lo hacian los demás. Y habiendo estado algunos dias entendiendo en estas cosas y en hacer entender á los Canches que los pueblos tuviesen juntos y concertados, y que entre ellos no se diese guerra ni hobiese pasion, y pasó adelante.
Los Canas habíanse juntado número grande dellos en el pueblo que llaman Lurucachi[138], y como entendieron el daño que habian rescebido los Canches, y como el Inca no hacia injuria á los que se daban por sus amigos, ni consentia hacerles agravio, determinaron de tomar amistad con él. A esto, el rey Inca venia caminando, acercándose á Lurucachi[139], y entendió la voluntad que los Canas tenian, de que mostró holgarse mucho; y como estuviese en aquella comarca el templo de Aconcagua, envió grandes presentes á los ídolos y sacerdotes.
Llegados los embajadores de los Canas, fueron bien recebidos por Inca Viracocha, y les respondió que fuesen los principales y más viejos de los Canas allá cerca, donde se verian, y que como hobiese estado algunos dias en el templo de Vilcanota, se daria priesa á verse con ellos. Y dió á los mensajeros algunas joyas y ropas de lana fina, é mandó á su gente de guerra que no fuesen osados de entrar en las casas de los Canas, ni robar nada de lo que tuviesen, ni hacellos daño ninguno; porque el buen corazon que tenian no se les turbase y tomasen otro pensamiento.
Los Canas, oida la respuesta, mandaron poner mucho mantenimiento por los caminos y abajaban de los pueblos á servir al Inca, que con mucha justicia entendió en que no fuesen agraviados en cosa alguna, y eran proveidos de ganado y de suvica[140], que es su vino; y como hobiere llegado al vano templo, hicieron sacrificios conforme á su gentilidad, matando muchos corderos para el sacrificio. De allí caminaron para Ayavire, donde los Canas estaban con mucho proveimiento y el Inca les habló amorosamente, y con ellos asentó su asiento de paz como solia con los demás. Y los Canas, teniendo por provechoso para ellos el ser gobernados por tan santas y justas leyes, no reusaron pagar tributo ni el ir al Cuzco con reconocimiento.
Esto pasado, Viracocha Inga determinó de se partir para el Collao, á donde ya se savia todo lo que por él habia sido hecho, así en los Canches como en los Canas, y estaban aguardándole en Chucuito, y lo mismo en Hátun Collao; á donde Zapana estaba ya entendiendo cómo Cari se habia gratulado con Viracocha, y que le estaba aguardando; y porque no se hiciese más poderoso, acordó de le salir á buscar y dar batalla ántes que el Inca se juntase con él; y Cari, que debia de ser animoso, salió con su gente á un pueblo que se llama Paucarcolla[141], y junto á él se afrontaron los dos más poderosos tiranos de la comarca, con tanta gente, que se afirma que se juntaron ciento y cincuenta guarangas[142] de indios: y entre todos se dió la batalla á su usanza, la cual cuentan que fué muy reñida y á donde murieron mas de treinta mill indios. Y habiendo durado gran rato, Cari quedó por vencedor, y Zapana y los suyos fueron vencidos con muerte de muchos; y el mismo Zapana fué muerto en esta batalla.