Unos de los orejones afirman, que Guayna Capac desde el Quito volvió al Cuzco por Los Llanos hasta Pachacama, y otros que no, pues quedó en el Quito hasta que murió. En esto, inquerido lo que es más cierto, lo porné conforme á como lo oí á algunos principales que se hallaron por sus personas con él en esta guerra; que dicen, que estando en el Quito, le vinieron de muchas partes embajadores á congratularse con él en nombre de sus tierras; que teniendo, y habiendo tomado [de] seguro y por muy pacífico [modo] á las provincias de la serranía, pensó que sería bien hacer jornada á las provincias de Puerto Viejo y á lo que llamamos Guayaquil, y á los Yuncas, y tomando su consejo con sus capitanes y principales, aprobaron su pensamiento y aconsejaron que lo pusiera por obra. Quedaron en el Quito muchas de sus gentes; con la que convino salió, y entró por aquellas tierras, en donde tuvo con algunos moradores dellas algunas refriegas; pero, al fin, unos y otros quedaron en su servicio y puestos en ellas gobernadores y mitimaes.

La Puná tenia recia guerra con Túmbez, y el Inca habia mandado cesar las contiendas y que le recebiesen en la Puná, lo cual Tumbalá sintió mucho, porque era Señor della; mas, no se atrevió á ponerse contra el Inca, ántes lo recebió y hizo presentes con fingida paz; porque, como salió, procurándolo con los naturales de la tierra firme, trataron de matar muchos orejones con sus capitanes que con unas balsas iban á salir á un rio para tomar la tierra firme; mas Guayna Capac lo supo y sobre ello hizo lo que yo tengo escripto en la Primera parte en el capítulo LIII; y hecho grand castigo, y mandando hacer la calzada, ó paso fuerte, que llaman de Guayna Capac[203], volvió y paró en Túmbez, donde estaban hechos edificios y templo del sol; y vinieron de las comarcas á le hacer reverencia con mucha humildad. Fué por los valles de Los Llanos poniéndolos en razon, repartiéndoles los términos y aguas, mandándoles que no se diesen guerra, y haciendo lo que en otros lugares se ha escripto. Y dicen dél, que yendo por el hermoso valle de Chayanta, cerca de Chimo, que es donde agora está la ciudad de Trujillo, estaba un indio viejo en una sementera, y como oyó que pasaba el rey por allí cerca, que cogió tres ó cuatro pepinos que con su tierra y todo se los llevó, y le dijo:—Ancha Atunapu micucampa; que quiere decir: "Muy gran Señor, come tú esto."—Y que delante de los señores y más gente, tomó los pepinos, y comiendo de uno de ellos, dijo delante de todos, por agradar al viejo: Xuylluy, ancha mizqui cay; que en nuestra lengua quiere decir: "En verdad que es muy dulce esto." De que todos recebieron grandísimo placer.

Pues pasando adelante, hizo en Chimo y en Guañape, Guarmey, Guaura, Lima y en los más valles, lo quél era servido que hiciesen; y como llegase á Pachacama, hizo grandes fiestas y muchos bailes y borracheras; y los sacerdotes, con sus mentiras, le decian las maldades que solian, inventadas con su astucia, y aún algunas por boca del mesmo Demonio, que en aquellos tiempos es público hablaba á estos tales; y Guayna Capac les dió, á lo que dicen, más de cient arrobas de oro y mill de plata y otras joyas y esmeraldas, con que se adornó más de lo que estaba el templo del sol y el antiguo de Pachacama.

De aquí, dicen algunos de los indios que subió al Cuzco, otros que volvió al Quito. En fin, sea desta vez, ó que haya sido primero, que vá poco, él visitó todos Los Llanos, y para él se hizo el grand camino que por ellos vémos hecho, y ansí, sabemos que en Chincha y en otras partes destos valles, hizo grandes aposentos y depósitos y templo del sol. Y puesto todo en razon, lo de Los Llanos y lo de la sierra, y teniendo todo el reino pacífico, revolvió sobre el Quito y movió la guerra á los padres de los que agora llaman Huambracunas[204], y descubrió á la parte del Sur hasta el rio de Augasmayu.

CAP. LXVI.—De cómo saliendo Guayna Capac de Quito, envió delante ciertos capitanes suyos, los cuales volvieron huyendo de los enemigos, y lo que sobre ello hizo.

Estando en Quito Guayna Capac con todos los capitanes y soldados viejos que con él estaban, cuentan por muy averiguado, que mandó que saliesen de sus capitanes con gente de guerra á sojuzgar ciertas naciones que no habian querido jamás tener su amistad; los cuales, como ya supiesen su estada en el Quito, recelándose dello, se habian apercebido y buscado favores de sus vecinos y parientes para resistir á quien á buscarlos viniese; y tenian hechos fuertes y albarradas é muchas armas de las que ellos usan; y como salieron, Guayna Capac fué tras ellos para revolver á otra tierra que confinaba con ella, que toda debia de ser la comarca de lo que llamamos Quito; y como sus capitanes y gentes salieron á donde iban encaminados, teniendo en poco á los que iban á buscar, creyendo que con facilidad serian señores de sus campos y haciendas, se daban prisa andar; mas, de otra suerte les avino de lo que pensaban; porque al camino les salieron con grande vocería y alarido y dieron de tropel en ellos con tal denuedo, que mataron y cautivaron muchos dellos, y así los trataron, que los desbarataron de todo punto y les constriñeron volver las espaldas, y á toda furia dieron la vuelta huyendo, y los enemigos vencedores tras ellos, matando y prendiendo todos los que podian.

Algunos de los más sueltos anduvieron mucho en grand manera, hasta que toparon con el Inca, á quien solamente dieron cuenta de la desgracia sucedida, que no poco le fatigó, y mirándolo discretamente, hizo un hecho de gran varon, que fué, mandar á los que se habian venido que callasen y á ninguna persona contasen lo que ya él sabia, ántes volviesen al camino y avisasen á todos los que venian desbaratados, que hiciesen en el primero cerro que topasen, cuando á él viesen, un escuadron, sin temor de morir el que la suerte les cayere; porque él, con gente de refresco, daria en los enemigos y los vengaría; y con esto se volvieron. Y no mostró turbacion, porque consideró que si en el lugar quel estaba sabian la nueva, todos se juntarian y darian en él, y se veria en mayor aprieto; y con disimulacion les dijo que se aparejasen, que queria ir á dar en cierta gente que verian cuando á ella llegasen. Y dejando las andas adelante de todos salió y caminó dia y medio, y los que venian huyendo, que eran muchos, [como] vieron la gente que venia, que era suya, á mal de su grado pararon en una ladera, y los enemigos que los venian siguiendo, comenzaron de dar en ellos, y mataron muchos; mas Guayna Capac, por tres partes dió en ellos, que no poco se turbaron de verse cercados, y de los que ya ellos tenian vencidos, aunque procuraron de se juntar y pelear, tal mano les dieron, que los campos se hinchian de los muertos, y queriendo huir, les tenia tomado el paso; y mataron tantos, que pocos escaparon vivos, sino fueron los cautivos, que fueron muchos; y por donde venian estaba todo alterado, creyendo que al mismo Inca habian de matar y desbaratar los que ya por él eran muertos y presos. Y como se supo el fin dello, asentaron el pié llano, mostrando todos grand placer.

Guayna Capac recobró los suyos que eran vivos, y á los que eran muertos mandó hacer sepolturas y sus honras, conforme á su gentilidad, porque ellos todos conocen que hay en las ánimas inmortalidad; y tambien se hicieron, en donde esta batalla se dió, bultos de piedra y padrones para memoria de lo que se habia hecho; y Guayna Capac envió aviso de todo esto hasta el Cuzco, y se reformó su gente, y fué adelante de Caranque.

Y los de Otavalo, Cayanbi, Cochasqui, Pifo[205], con otros pueblos, habian hecho liga todos juntos y con otros muchos, de no dejarse sojuzgar del Inca, sino ántes morir que perder su libertad y que en sus tierras se hiciesen casas fuertes, ni ellos ser obligados de tributar con sus presentes ir al Cuzco, tierra tan léjos como habian oido. Y hablado entre ellos esto, y tenido sus consideraciones, aguardaron á el Inca, que sabian que venia á les dar guerra; el cual con los suyos anduvo hasta la comarca destos, donde mandó hacer sus albarradas y cercas fuertes, que llaman pucaraes, donde mandó meter su gente y servicio. Envió mensajeros á aquellas gentes con grandes presentes, rogándoles que no le diesen guerra, porque él no queria sino paz con condiciones honestas, y que en él siempre hallarian favor, como su padre, y que no quería tomalles nada, sino dalles de lo que traia. Mas estas palabras tan blandas aprovecharon poco, porque la respuesta que le dieron fué, que luego de su tierra saliese, donde no, que por fuerza le echaban della; y así, en escuadrones vinieron para el Inca, que muy enojado, habia puesto su gente en campaña; y dieron los enemigos en él de tal manera, que se afirma, sino fuera por la fortaleza que para se guarescer se habia hecho, lo llevaran y de todo punto lo rompieran; mas, conociendo el daño que recebia, se retiró lo mejor que pudo al pucará, donde todos se metieron los que en el campo no quedaron muertos, ó, en poder de los enemigos, presos.

CAP. LXVII.—Cómo, juntando todo el poder de Guayna Capac, dió batalla á los enemigos y los venció y de la grand crueldad que usó con ellos.