El 16 se vió obligado a bajar a la ciudad Dn. Luis de Velasco quebrantado de fatiga i sintiendo agudos dolores, a causa de un fuerte golpe que habia recibido en la espalda; i como lo acompañase su segundo Dn. Bartolomé Montes, quedó de gobernador del castillo Dn. Francisco de Medina.[106] En este mismo dia dispuso el conde de Albemarle que la guarnicion de Guanabacoa se replegase sobre el campamento intermedio de Cojímar i la Cabaña.[107]

CAPITULO VIII.

Disgustada la guarnicion con la ausencia de Velasco i repugnando el paisanaje ir a morir infructuosamente bajo las órdenes de otro jefe que el que por su heroismo habia llegado a ecsitar la admiracion de los mismos contrarios, apénas si dió señales el Morro de estar defendido en todo aquel dia i el siguiente. Viendo éstos la inaccion de los españoles, aunque sin conocer la verdadera causa, empezaron a poner en uso los grandes preparativos que por algunos dias los habian traido ocupados, para adelantar sus obras sobre el fuerte i apresurar su rendicion.[108]

Comenzaron pues, el 17 el hornillo de una mina en direccion de una pequeña bateria en el ángulo del caballero de la mar, aunque las gruesas raices de un inmenso tronco que hallaron al paso les impidieron seguir adelante aquel dia.[109] El jeneral Prado tuvo noticia de esta mina por un desertor irlandes, i mandó injenieros a reconocer aquel punto: éstos opinaron que no era posible hacer una contramina, por ser el terreno de roca viva i faltar los instrumentos necesarios para aquella operacion, i solo se remedió el mal con una cortadura que los injenieros consideraron suficiente para disminuir los efectos de la esplosion.[110] El 18 por la noche habian logrado adelantar la mina dos terceras partes de la distancia i situar un campamento a la orilla del bosque hácia el estremo del baluarte; i el 19 se apoderaron del camino cubierto delante de la punta del baluarte de la derecha i principiaron otra mina a lo largo de él hácia el frente derecho, donde formaron otro campamento.

Los mineros estaban ya el 20 debajo de la cortina del orejon de la mar, único punto por donde era posible seguir los trabajos de la mina al pié de la muralla, por ser el foso del frente que mira a la Cabaña de sesenta pies desde el principio de la contraescarpa i de éstos mas de cuarenta profundizaban en las rocas. Por fortuna de los mineros habia una punta saliente al estremo del baluarte, que servia para cerrar el foso i prevenir cualquier sorpresa por la parte del puerto, i por allí saltaron con alguna dificultad al pié de la muralla, cosa que no hubieran podido alcanzar por ninguna otra parte sino valiendose de escaleras de cuerda, operacion penosa i de mucho peligro. Era aquel pico tan angosto que no habia posibilidad de defender el paso contra el fuego del flanco opuesto; pero se resolvieron aun a riesgo de la vida i lograron salvarlo a costa de la de solos tres o cuatro. Los que trabajaban por la parte esterior del camino cubierto empezaron aquella tarde a cavar un pozo con el fin de poder desplomar la contraescarpa i cubrir el foso en caso necesario, i continuaron minando a lo largo del glácis, apoderandose de un cañon que tenian los sitiados en el ángulo saliente: estos mineros i zapadores encontraron grandes dificultades a causa de las rocas con que tropezaban a cada paso, cuya remocion les costaba mucho tiempo i trabajo.[111]

En el castillo se habia animado un poco la guarnicion con la vuelta de Montes el 19, ya graduado de teniente coronel i encargado del mando de la compañia de alternacion, la cual se componia de tropas de todos los cuerpos que guarnecian el fuerte. Los enemigos, que habian logrado acercarse por el baluarte de Pina, tenian al abrigo de las peñas un destacamento de sobre cincuenta hombres haciendoles un fuego continuo de fusil, i contra éste mantenia el castillo aquella compañia escojida en punto avanzado sobre la estacada. Las bombas i granadas hacian sobre ella un estrago espantoso: este punto costaba a los sitiados porcion de vidas, i la guarnicion empezó a clamar por salir al campo donde pudiera batirse con ventaja. Sabido esto, determinó Prado dar un golpe de mano con tropas de la ciudad ayudadas de los fuertes, i probar de reducir a los ingleses a levantar el sitio.[112]

Aun sin este motivo era ya evidente que el Morro no podria sostenerse muchos dias en el estado ruinoso en que se hallaba, si se le abandonaba a sus medios de defensa solamente, contra el aparato de baterias concluidas en la Cabaña i el progreso inevitable de las minas inglesas. Muchas veces habia recomendado Velasco que se le ayudase por el campo con tropas de la ciudad,[113] haciendo ver al consejo que la defensa del castillo era imposible si no se destruian las obras con que el enemigo desmoronaba las murallas i baluartes. Al fin la necesidad movió a Prado a hacer ya tarde lo que la prudencia de aquel célebre capitan le aconsejaba desde los principios con esperanzas de mas feliz resultado: acordose una sorpresa contra la Cabaña para desalojar a los enemigos de sus campamentos, inutilizarles sus cañones e incendiar todas sus baterias.

Cerca de las cuatro de la mañana del 22 desembarcaron por la bateria de la Pastora sobre mil quinientos hombres formados en tres divisiones[114] al mando de Dn. Juan Benito Lujan.[115] La primera se adelantó desde un banco de arena que estaba detras de la bateria, i fué detenida por una avanzada de treinta hombres que al mando del capitan Stuart los entretuvo cerca de una hora sosteniendo un vivo fuego, hasta que llegaron cien zapadores en su ausilio i despues el tercer batallon de Americanos del rei, i obligaron a los españoles a retirarse con gran precipitacion, haciendo en ellos una horrible matanza: algunos pudieron llegar a los botes para volverse a la Habana, pero muchos se arrojaron al mar i mas de ciento cincuenta se ahogaron; ademas, el baluarte oeste de la Punta, las lineas i flancos de la entrada i los buques del puerto hacian al mismo tiempo un fuego vivísimo sobre aquel punto sin que los contuviera el ver que sacrificaban a sus mismos compañeros con tal de destruir a los ingleses vencedores del campo. La segunda division se apresuró a salir por el ángulo saliente del Morro para atacar sobre el glácis a los zapadores i al destacamento emboscado que los defendia; pero fueron rechazados en poco tiempo. La tercera llegó tarde al antiguo reducto que destruyeron los españoles ántes de abandonar la Cabaña a los principios de la invasion, i encontrando a los enemigos preparados a recibirlos se retiró por donde mismo habia venido sin disparar una bala. La guarnicion de la plaza permaneció en continuo movimiento durante el ataque i algunos se embarcaron en botes para ayudar a sus compañeros; pero conocieron que todo esfuerzo era inútil i que solo corrian a su propia perdicion, i desistieron de acercarse a la Cabaña. La pérdida de los españoles fué de cuatrocientos hombres entre muertos i ahogados, ademas de un gran número de heridos: los ingleses tuvieron noventa entre muertos i heridos.[116]

A haber logrado los españoles el objeto que se habian propuesto, no cabe duda de que los enemigos hubieran levantado el sitio inmediatamente i reembarcadose en la escuadra para la Martinica o sus colonias del Norte de América. El daño causado por el primer incendio de las baterias i los trabajos sufridos en su reciente reedificacion tenian al ejército i armada aniquilados de fatiga; las enfermedades i escasez de recursos los diezmaban en los hospitales; nada se sabia de la division que se esperaba de New York con refuerzos. Si la fortuna se hubiera mostrado propicia a los españoles en este último arrojo de valor, mui pocos oficiales se hubieran atrevido a proponer la construccion de nuevas fortificaciones, i ninguno de ellos alimentado las esperanzas de un écsito feliz en los grandes sucesos que tuvieron lugar mas adelante para honor i reputacion de aquel ejército i gloria inmarcesible de las armas británicas.[117]