Dueño el jeneral ingles de esta importante fortaleza, empezó a hacer de ella el mejor uso que la fué posible en el estado ruinoso en que se hallaba: dispuso que las baterias de la Cabaña hiciesen fuego sobre la ciudad i la bombardeasen; i conociendo la resistencia de los españoles a rendirse, empezó a prepararse para reducir la plaza al último estremo. En su consecuencia dió órdenes al jeneral Keppel para que, por un plan propuesto por el jefe de injenieros, mandase construir siete baterias que se estendiesen desde la Pastora hasta la cruz de la Cabaña, i en seguida trasladó el cuartel jeneral[143] al campo del oeste. Allí practicó un reconocimiento minucioso de la calzada de San Lázaro i la Punta dando las disposiciones necesarias para levantar un reducto cerca de esta fortaleza i mandó reforzar los puestos avanzados de Jesus del Monte i las avenidas del Cerro. En medio de estos trabajos tuvieron los ingleses la fortuna de recibir los refuerzos que esperaban de New York, i los náufragos de la division del brigadier Burton, i reparar así las pérdidas de jente que estaban sufriendo: la fragata Echo i la bombarda Thunder regresaron el 2 con la segunda division de trasportes que habia salido de aquella ciudad el 30 de junio; i el 8 llegaron las fragatas Richmond, Lizard i Enterprize i la goleta Porcupine, trayendo parte de la tripulacion i de la tropa que habia naufragado en Cayo Confite.[144]
En medio de esta actividad en ambos campamentos ingleses, la guarnicion de la plaza se mantenia vijilante i animada de una confianza que cada dia se debilitaba mas en su gobernador. El fuego de los españoles era vivo i bien dirijido, tanto por la parte del este como por la del campo: las fortalezas i baluartes continuaron sus ataques por la bahia, i el navio Aquilon estuvo haciendo fuego hasta el 3 que dos obuses de la Cabaña le cansaron grave daño i lo obligaron a desalojar el punto con gran precipitacion: habiendo observado el jeneral Prado que los enemigos hacian preparativos para combinar una accion por la parte del oeste i que habian destacado tropas por el camino que conduce a la Punta para protejer el reducto que estaban construyendo, mandó al amanecer del 10 hacer un vivo fuego de cañon que barriese toda la playa inmediata.[145]
Pocas horas despues aparecieron descubiertas las baterias de la Cabaña, amenazando destruir la ciudad i todas las fortificaciones que defendian el puerto, i el ejército del oeste continuaba sus movimientos con evidentes señales de secundar el ataque. Antes de empezar la accion, Lord Albemarle, usando de un proceder mui distinto del que pocos dias ántes le habia merecido el héroe del Morro, se contentó solamente con enviar al jeneral Prado uno de sus ayudantes con una carta informándole del peligro cierto que corria la ciudad e intimándole la rendicion,[146] i dió órden a aquel de amenazarlo, si persistia en una resistencia inútil, de entrar en ella i tratar a los vencidos con todo el rigor de las leyes militares.[147]
Despues de seis horas de conferencias en el consejo, el jeneral Prado se decidió a tentar una vez mas la suerte de las armas, sacrificando al pundonor militar las convicciones de algunos miembros de aquella junta que veian inevitable la pérdida de la ciudad, i quizá sus propias convicciones; i el parlamentario volvió con una respuesta mui cortes i propia del valor personal de Prado, manifestando al conde de Albemarle que estaba resuelto a defender la plaza hasta morir en sus ruinas. Observa Mr. Entick,[148] que el jeneral español, despues de mantener la bandera de parlamento flameando por tan largo tiempo en el campo, no usó de una atencion conforme con tan bizarra respuesta, mandando renovar el fuego ántes que el ayudante ingles hubiese recorrido dos tercios del campo, a su vuelta de la Habana.
CAPITULO XI.
En consecuencia de la resolucion de Prado, aun no habian los primeros albores del dia empezado a platear el azul profundo del cielo en la mañana del 11 de agosto, cuando el Lord Albemarle seguido de sus ayudantes subió a las alturas de la Cabaña, no para admirar las bellezas prodijiosas con que la divina Providencia ha querido dotar la naturaleza de Cuba, sino a satisfacerse de si las órdenes dadas el dia anterior habian sido cumplidas. En lugar de parar su atencion en la bella armonia de aquel cielo riquísimo de estrellas, adornado con los matices de oro i púrpura de que se viste la risueña aurora en las mañanas serenas del estio i de contemplar el suave murmullo de la rica vejetacion de aquella tierra, la innumerable variedad de sus árboles i plantas i la belleza de sus bosques i prados, su espíritu preocupado de ideas de guerra i destruccion no daba lugar a los sentidos para otras impresiones que las del aparato de las máquinas de fuego, el movimiento de las tropas i el desórden aparente de un campamento prócsimo a hacer desaparecer en pocas horas de sobre la faz de la tierra la hermosa capital de Cuba que envuelta aun en los misterios de las sombras, se levantaba a los pies de aquel altivo monte.
Sus leales habitantes, ajenos del peligro inminente que los amenazaba, confiaban a su valor el écsito de la accion prócsima a empezar, mui distantes de creer los que velaban libres i seguros, que estaba cercano el momento en que se verian vencidos, desarmados i a la merced de sus enemigos. El consejo, despues de haberse retirado el dia anterior bien tarde de la noche, estaba reunido desde mui temprano en el hospicio de San Isidoro, i el jeneral Prado habia salido de allí a recorrer el glácis i animar el pueblo de una perseverancia que ya en él habia empezado a decaer, viendo los imponentes aprestos del ejército ingles i el mal estado de la plaza.
Las campanas de los templos acababan de llamar a los fieles a la oracion matutina, i los habaneros habian dirijido sus preces i encomendado sus vidas i la libertad de la patria al supremo Dispensador de todos los bienes, cuando a los primeros rayos del sol se descubrieron las baterias que se estendian desde el Morro por toda la altura de la Cabaña, i empezaron a abrir sus fuegos sobre la plaza en combinacion con el campo del oeste i una division de cinco navios de la escuadra, los cuales fueron contestados en todos los puntos por la artilleria de los baluartes i castillos.