¿Por qué me dijiste que tus ojos claros

nunca mirarían con loco deseo?

¿Por qué me dijiste que no me abrazabas

porque las traiciones tanto mal te hicieron,

que en huelga tranquila de brazos caídos

tus brazos nervudos por siempre cayeron?

¿Por qué me engañaste, Renato? Responde.

Ya ves que, llorando, mis penas te cuento.

(Cae de rodillas, llorando.)

MENDO