MAGDALENA
(Retrocediendo horrorizada.)
¡No, sí, no, sí, no!... ¡¡Don Mendo!!
(Reponiéndose.)
(¿Pero qué estoy yo diciendo?
¡Don Mendo está emparedado!)
Perdonad. Tuve un repente,
mas ya pasó, por ventura.
Sin duda la calentura
trajo de pronto a mi mente