¡Serena

escúchame, Magdalena,

porque no fuí yo... no fuí!

Fué el maldito cariñena

que se apoderó de mí.

Entre un vaso y otro vaso

el Barón las cartas dió;

yo vi un cinco, y dije «paso»,

el Marqués creyó otro el caso,

pidió carta... y se pasó.