BERTOLDINO

Oíd.

(Se hace un gran silencio y recita enfáticamente.)

Los cuatro hermanos Quiñones

a la lucha se aprestaron,

y al correr de sus bridones,

como cuatro exhalaciones,

hasta el castillo llegaron.

¡Ah del castillo!—dijeron—.

¡Bajad presto ese rastrillo!