—A ti eso no te preocupa; pero a mí, mucho.

—¿Por qué?

—Por el reúma.

—Pero ¿tiene usted reúma, de veras, o es que dice usted que lo tiene cuando le conviene, don Eugenio? Porque voy viendo que cuando no quiere usted hacer algo, padece usted de reúma.

—¡Qué opinión estás formando de mí! Lo que es si a ti te encargaran mi biografía, ¡me he lucido!

—Yo supongo que no sólo engañará usted a los carlistas, sino que engañará usted también a los amigos.

—Eres un granuja, Pello. Eres indigno de mi amistad.

—Insúlteme usted, y soy capaz de ir con el tílburi al mar y empezar a marchar por encima, como Neptuno.

—¡Neptuno, sí; buen tuno estás hecho tú!

—¡Hombre, don Eugenio! No juegue usted con el vocablo de una manera tan vulgar; eso no está a su altura.