Las dos compañías cruzaron el pueblo, tomaron por la calle que une a Vera con Alzate, y al llegar a un puentecito que se llama Subi Mushua (el puente del Beso), el comandante llamó a un viejo medio loco, que estaba a la puerta de su casucha. Este viejo se llamaba por apodo Pithiri.

El comandante hizo que se acercara el viejo, y le preguntó:

—¿Usted sabe dónde está el caserío de Urrola?

—¿Urrola? Sí, señor.

—Llévenos usted allí, y cuidado con engañarnos. Si nos engaña usted, le pegamos cuatro tiros. Conque cuidado.

Pello vió de lejos cómo hablaba el comandante con Pithiri; pero no pudo enterarse de lo que decían.

Las dos compañías se dividieron en cuatro pelotones, con el objeto de rodear el caserío de Urrola.

Pello fué delante de la media compañía en que iba Pithiri con el oficial. Se adelantó ésta por el barrio de Illecueta. Al llegar a una taberna, el oficial pidió un vaso de agua con aguardiente, y luego preguntó al tabernero si aquél era el camino de Urrola. El tabernero dijo que sí.

Se habían parado los soldados a la puerta de la taberna, y Pithiri, que tenía fama de loco, comenzó a bailar pesadamente. Reían los soldados y campesinos, y uno de éstos dijo: «Canta, Pithiri.»

Pithiri entonó con voz cascada un zortzico, y después, dirigiéndose principalmente a los campesinos que le oían, y mirándoles con sus ojos grises, entonó esta copla: