—La seguridad práctica, claro; pero nada más.

—Esa basta.

—No, no basta. Basta para un hombre sin deseo de saber; si no ¿para qué se inventarían teorías acerca del calor o acerca de la luz? Se diría: hay objetos calientes y fríos, hay color verde o azul; no necesitamos saber lo que son.

—No estaría mal que procediéramos así. Si no, la duda lo arrasa, lo destruye todo.

—Claro que lo destruye todo.

—Las matemáticas mismas quedan sin base.

—Claro. Las proposiciones matemáticas y lógicas son únicamente las leyes de la inteligencia humana; pueden ser también las leyes de la Naturaleza exterior a nosotros, pero no lo podemos afirmar. La inteligencia lleva como necesidades inherentes a ella, las nociones de causa, de espacio y de tiempo, como un cuerpo lleva tres dimensiones. Estas nociones de causa, de espacio y de tiempo son inseparables de la inteligencia, y cuando ésta afirma sus verdades y sus axiomas a priori, no hace más que señalar su propio mecanismo.

—¿De manera que no hay verdad?

—Sí; el acuerdo de todas las inteligencias en una misma cosa, es lo que llamamos verdad. Fuera de los axiomas lógicos y matemáticos, en los cuales no se puede suponer que no haya unanimidad, en lo demás todas las verdades tienen como condición el ser unánimes.