—Entonces vuestra ciencia se basa en la utilidad.

—No; se basa en la razón y en la experiencia.

—No, porque no podéis llevar la razón hasta las últimas consecuencias.

—Ya se sabe que no, que hay claros. La ciencia nos da la descripción de una falange de este mamuth, que se llama universo; la filosofía nos quiere dar la hipótesis racional de cómo puede ser este mamuth. ¿Que ni los datos empíricos, ni los datos racionales son todos absolutos? ¡Quién lo duda! La ciencia valora los datos de la observación; relaciona las diversas ciencias particulares, que son como islas exploradas en el océano de lo desconocido, levanta puentes de paso entre unas y otras, de manera que en su conjunto tengan cierta unidad. Claro que estos puentes no pueden ser más que hipótesis, teorías, aproximaciones a la verdad.

—Los puentes son hipótesis y las islas lo son también.

—No, no estoy conforme. La ciencia es la única construcción fuerte de la Humanidad. Contra ese bloque científico del determinismo, afirmado ya por los griegos, ¿cuántas olas no han roto? Religiones, morales, utopías; hoy todas esas pequeñas supercherías del pragmatismo y de las ideas-fuerzas..., y, sin embargo, el bloque continúa inconmovible, y la ciencia, no sólo arrolla estos obstáculos, sino que los aprovecha para perfeccionarse.

—Sí—contestó Iturrioz—; la ciencia arrolla esos obstáculos y arrolla también al hombre.

—Eso, en parte, es verdad—murmuró Andrés paseando por la azotea.

III
EL ÁRBOL DE LA CIENCIA Y EL ÁRBOL DE LA VIDA