—¿Y con qué fin iba usted a fundar esa compañía?

—Esta compañía tendría la misión de enseñar el valor, la serenidad, el reposo; de arrancar toda tendencia a la humildad, a la renunciación a la tristeza, al engaño, a la rapacidad, al sentimentalismo...

—La escuela de los hidalgos.

—Eso es, la escuela de los hidalgos.

—De los hidalgos ibéricos, naturalmente. Nada de semitismo.

—Nada; un hidalgo limpio de semitismo; es decir, de espíritu cristiano, me parecería un tipo completo.

—Cuando funde usted esa compañía, acuérdese usted de mí. Escríbame usted al pueblo.

—¿Pero de veras te piensas marchar?

—Sí; si no encuentro nada aquí, me voy a marchar.