—¿Está usted mejor?—dijo el juez.

—¡Eh!

—¿Si está usted ya mejor?

—Garro... Garro...—contestó ella.

—Sí; dice a todo lo mismo—afirmó el juez.

—Es un caso de afasia o de sordera verbal—añadió Andrés.

—Sin embargo..., hay muchas sospechas contra el marido—replicó el actuario.

Habían llamado al cura para sacramentar a la moribunda.

Le dejaron solo y Andrés subió con el juez. La prendería del tío Garrota tenía una escalera de caracol para el primer piso.