—Bastante mal.

—¿Qué te pasó? ¿Hiciste alguna barbaridad?

—No; tuve suerte. Como médico he quedado bien. Ahora, personalmente, he tenido poco éxito.

—Cuenta, veamos tu odisea en esa tierra de Don Quijote.

Andrés contó sus impresiones en Alcolea; Iturrioz le escuchó atentamente.

—¿De manera que allí no has perdido tu virulencia ni te has asimilado el medio?

—Ninguna de las dos cosas. Yo era allí una bacteridia colocada en un caldo saturado de ácido fénico.

—Y esos manchegos ¿son buena gente?

—Sí, muy buena gente; pero con una moral imposible.

—Pero esa moral ¿no será la defensa de la raza que vive en una tierra pobre y de pocos recursos?