—Es desagradable.
—Sí, como quieras; pero son los hechos y hay que aceptarlos y acomodarse a ellos. Otra cosa es una simpleza. Intentar andar entre los hombres, en ser superior, como tú has querido hacer en Alcolea, es absurdo.
—Yo no he intentado presentarme como ser superior—replicó Andrés con viveza—. Yo he ido en hombre independiente. A tanto trabajo, tanto sueldo. Hago lo que me encargan, me pagan, y ya está.
—Eso no es posible; cada hombre no es una estrella con su órbita independiente.
—Yo creo que el que quiere serlo lo es.
—Tendrá que sufrir las consecuencias.
—¡Ah, claro! Yo estoy dispuesto a sufrirlas. El que no tiene dinero paga su libertad con su cuerpo; es una onza de carne que hay que dar, que lo mismo le pueden sacar a uno del brazo que del corazón. El hombre de verdad busca antes que nada su independencia; se necesita ser un pobre diablo o tener alma de perro para encontrar mala la libertad. ¿Que no es posible? ¿Que el hombre no puede ser independiente como una estrella de otra? A esto no se puede decir más sino que es verdad, desgraciadamente.
—Veo que vienes lírico del pueblo.
—Será la influencia de las migas.
—O del vino manchego.