—Bueno—dijo hablando en chulo, enseñando los dientes negros—. ¿Se va a bajar el cadáver o no? Porque yo no puedo esperar aquí; que hay que llevar otros muertos al Este.
Uno de los desharrapados, que tenía un cuello postizo, bastante sucio, que le salía de la chaqueta, y unos lentes, acercándose a Hurtado le dijo con una afectación ridícula:
—Viendo estas cosas, dan ganas de ponerse una bomba de dinamita en el velo del paladar.
La desesperación de este bohemio le pareció a Hurtado demasiado alambicada para ser sincera, y dejando a toda esta turba de desharrapados en la guardilla, salió de la casa.
IX
AMOR, TEORÍA Y PRÁCTICA
Andrés divagaba, lo que era su gran placer, en la tienda de Lulú. Ella le oía sonriente, haciendo de cuando en cuando alguna objeción. Le llamaba siempre en burla don Andrés.
—Tengo una pequeña teoría acerca del amor—le dijo un día él.
—Acerca del amor debía usted tener una teoría grande—repuso burlonamente Lulú.