Llegaron a la Puerta del Sol y tomaron por la Carrera de San Jerónimo.

—Bueno, yo me voy a casa—dijo Hurtado.

—¿Dónde vives?—le preguntó Aracil.

—En la calle de Atocha.

—Pues los tres vivimos cerca.

Fueron juntos a la plaza de Antón Martín y allí se separaron con muy poca afabilidad.

II
LOS ESTUDIANTES

En esta época era todavía Madrid una de las pocas ciudades que conservaba espíritu romántico.

Todos los pueblos tienen, sin duda, una serie de fórmulas prácticas para la vida, consecuencia de la raza, de la historia, del ambiente físico y moral. Tales fórmulas, tal especial manera de ver, constituye un pragmatismo útil, simplificador, sintetizador.