—¿Usted conoce, por casualidad, á uno que está en la partida de Merino y á quien llaman el Tobalos?

—Sí, señor. Está en mi escuadrón—le dije yo.

—Hombre valiente es, ¿eh?

—¡Ya lo creo! ¿Le conoce usted?

—¡Si le conozco! Como que soy de su pueblo. Y todo el mundo allí se acuerda de él á cada paso. Verdad es que lo que hizo no es para menos.

—Pues ¿qué hizo?

—Es una historia larga de contar.

—¿Y qué? Cuéntela usted; no tenemos nada que hacer—dije yo.

—Sí, hombre, cuéntala—repuso el cura de Coruña del Conde.

—Bueno; puesto que ustedes lo quieren, la contaré.