Este conjunto de antecedentes es necesario conocer para mi historia.

Se deslizaba la vida del pueblo sin más acontecimientos que los de costumbre, cuando se comenzó á hablar de las travesuras de don Diego Acosta, el hijo de don Rodrigo.

Al principio nadie se sorprendió, porque era costumbre de los hijos de familias poderosas hacer su voluntad y su capricho.

Poco á poco las travesuras subieron de punto y se convirtieron en verdaderas bellaquerías de rufián.

Don Diego, en compañía de su amigo y consejero Sarmiento, alias el Capitán, robaba en los garitos, apaleaba á los mozos y violaba á las muchachas en los campos.

Un día el Tobalos vió á don Diego que rondaba su casa. Sin más averiguaciones, se vistió y fué al palacio de los Acostas, preguntó por don Rodrigo, le explicó en pocas palabras lo que ocurría, y añadió:

—Yo no digo más. Si á don Diego le veo de nuevo rondando mi casa, le pego un tiro.

Don Rodrigo, que sabía que el Tobalos era hombre honrado, le aseguró que don Diego no volvería á rondar su casa, y, efectivamente, así fué.

Pasaron unos meses y llegó la época de ferias. En esta época solían descolgarse en el Villar una turba de chalanes, gitanos, jugadores, tahures y cómicos.

Esta vez llegaron dos carros de comediantes, y entre éstos una dama joven, muchachita verdaderamente linda, llamada Isabel.