Tres cosas en el mundo

causan espante:

timulto, tirrimoto,

y el alifante.

Pues, para mí, apreciable tía Matafrailes, no hay timulto ni tirrimoto que valga, y hasta al mismo alifante era capaz de mascarle la nuez ó la trompa si entraba en mi calabozo.

Condenar á un hombre de acción á no hacer nada es una cosa cruel.

Debo tener las entrañas más negras que la tinta... de rabia.

Estoy tan vigilado, que la única acción posible para mí es la gimnasia y llevar el farol del señor cura. ¡Maldita sea la...!

INVOCACIÓN

Oh tú, ciudadano desconocido, que encuentres este cuaderno en algún rincón de mi calabozo; carcelero ó rata de cárcel, asesino ó apóstol, católico ó librepensador, realista ó republicano, granuja ú hombre de bien, si pasas los ojos por estas líneas, sabe que el hombre que las ha escrito, encerrado aquí, ha sufrido por la libertad, ha querido que los hombres sean hombres y no sean bestias; sabe... pero, en fin, no sepas nada; me es igual.