Michelena era alto, flaco, huesudo, de unos cincuenta años, hombre muy sentimental.
Michelena, además de pertenecer al Aventino, estaba afiliado á una secta, llamada de los Teofilántropos, que tenía su centro en París.
¿Cómo este buen organista, que apenas había salido de Irún, pertenecía á aquella Sociedad?
SANTA CRUZ
El mismo Michelena me lo contó. Unos años antes pasó por Irún un hombre humilde y andrajoso. Venía de Hendaya á pie.
El hombre se dirigió á Michelena y le preguntó dónde podría descansar allí unos días. El organista le llevó á su casa.
El tipo andrajoso se llamaba Andrés Santa Cruz, era de un pueblo de la Alcarria y quería volver á su tierra á morir en ella.
Santa Cruz contó su vida á Michelena.
En su juventud, sintiendo mucha afición á leer, y creyéndose ahogado en el ambiente estrecho de España, salió de su pueblo á pie hacia París. Tenía un gran entusiasmo por los enciclopedistas franceses y quería conocerlos.
Al llegar á Tours, un príncipe alemán que pasaba, en su carroza lo encontró tendido en la cuneta de la carretera; se acercó á él, le preguntó quién era, y quedó asombrado de los muchos conocimientos del vagabundo. El príncipe le ofreció el cargo de preceptor de sus hijos y Santa Cruz aceptó.