Los franceses, mientras tanto, estaban inquietos. Al día siguiente de llegar el comandante de Aranda á la Vid, á las diez de la noche recibió un parte de su segundo, redactado así:
«Al comandante Bontemps.
Comandante: En este momento acabo de recibir aviso de la llegada del cura Merino con una numerosa partida al pueblo de Hontoria de Valdearados. Una avanzada de caballería enemiga se ha estacionado en el lugar de Quemada, á tres cuartos de legua de Aranda. Su objeto, indudablemente, es cortar la retirada á las tropas de usted para cuando intenten volver á esta ciudad.
Prepárese usted en seguida para un posible sitio.
Por ahora no puedo enviar más fuerza.
Como sabe usted, aquí dispongo de trescientos hombres que no me bastan. Tengo cien para defender el puente, la casa del Ayuntamiento y el Juzgado. Estoy dispuesto á perder la vida antes de que entren los brigantes en Aranda. No puedo tampoco enviar víveres, porque la comunicación está cortada y no los tengo. He pedido socorros.
El comandante interino del cantón de Aranda.—Courtois.»
DISPOSICIONES DE BONTEMPS
El parte alarmó extraordinariamente á Bontemps. Temía ser cortado y atacado en el monasterio. Al instante hizo fortificar el parapeto mandado construir á su llegada por Bremond y formar otro en el extremo del puente próximo al monasterio. Colocó cincuenta soldados de infantería para defender estos dos puntos.
Suponía que, ayudados por los fuegos de las ventanas del convento, podrían resistir largo tiempo en caso de asalto. Pocos hombres en este sitio bastaban para contener á Merino si se presentaba.