Thiebault entonces era hombre de unos cuarenta años, amable, de buen aspecto.

Había sido gobernador militar de Burgos y vivido en casa del propietario y comerciante en lanas merinas don Miguel de Pedrorena, donde se distinguió por su amabilidad y simpatía. A pesar del odio que había contra los franceses, por debajo de la cortesía forzada de los españoles, Thiebault llegó á conquistar el afecto de la familia de su huésped.

Su historia como general era brillante.

Había estado en Austerlitz y comenzado su vida militar á las órdenes de Pichegru.

Conocía toda Europa. Hombre culto, aficionado á las lenguas muertas, había obtenido en Salamanca el título honorífico de doctor.

El otro general hostil á Dorsenne era Solignac. Solignac había sustituído á Thiebault en el mando de la plaza de Burgos.

Era un soldadote cerril y caprichoso. Se distinguía por su barbarie y su despotismo; pero su enemistad con Dorsenne, muchas veces servía para contrarrestar las arbitrariedades y la violencia de su enemigo.

El tercer general enemigo de Dorsenne era Darmagnac, que por entonces se encontraba también en Burgos no sé en qué concepto. El buen Darmagnac era un tolosano cuco y avaro, que no pensaba mas que en enriquecerse. Como casi todos los meridionales franceses, tenía la virtud del ahorro.

Darmagnac creía que un país conquistado debía enriquecer á sus conquistadores con sus alhajas, cuadros, estatuas, etc.

En último término, la moral de Darmagnac era la moral de la guerra, de antes, de ahora y de siempre.