Nos levantamos todos para jurar. Cuando miré de nuevo alrededor, ya Merino había desaparecido.

Después el abad del convento nos llevó á la iglesia, donde iba á decir misa.

Doce guerrilleros de Merino se pusieron al pie del altar con la bayoneta calada; luego nos arrodillamos nosotros, que tuvimos que estar durante toda la misa de rodillas.

Oficiaba un fraile viejo y le acompañaba el sonido del órgano y las voces de los frailes dominadoras en el coro.

Tenía aquello un aire verdaderamente imponente.

Después de la misa tomamos cada uno un pocillo de chocolate con bizcochos, vimos los alrededores del convento antes de comer, y á las primeras horas de la tarde marchábamos de vuelta camino de Burgos.

Peña se fué á Sevilla con una corta memoria dirigida á don Martín Garay, en la cual se especificaban los deseos de los patriotas castellanos, y el director y yo comenzamos á hacer gestiones para nombrar la Junta Permanente con que arbitrar recursos.


IX
LOS PREPARATIVOS