Un muchacho simpático á quien solíamos bromear todos por su candidez era Martinillo el Pastor.
Martinillo contaba poco más ó menos la misma edad que Lara y que yo; pero como había vivido en el campo conservaba gran inocencia.
Martinillo era uno de los cornetas del escuadrón y le gustaba mucho marchar á la cabeza tocando.
Martinillo tenía amores con una muchacha pastora de Quintanar de la Sierra, llamada Teodosia.
Como todos sabíamos sus amores, le bromeábamos con la Teodosia. El suspiraba por ascender y ganar unos cuartos para casarse con la pastorcilla.
Entonces Lara, yo y otros oficiales del escuadrón de húsares de Burgos hicimos una suscripción y reunimos treinta duros, que se entregaron á Martinillo.
Martinillo, loco de entusiasmo, arregló una casa en Hontoria del Pinar y se casó con la Teodosia.
La boda fué una verdadera fiesta para el escuadrón del Brigante y para los amigos. La única que no quiso asistir fué Fermina la Navarra. Sentía un gran desprecio por la pobre Teodosia, á quien consideraba estúpida y ñoña.
Para no amargar la fiesta á Martinillo, le dijimos que Fermina tenía una desgracia de familia y que por eso no iba á la boda.
Durante mucho tiempo se habló de la fiesta como de algo maravilloso y extraordinario.