Efectivamente, me lo trajo; y cuando vi que el Cule á quien se refería el Brigante era nada menos que Hércules, me dió una risa inextinguible; pero él, como era buena persona, no se incomodó.
—¡Pisaverde! Eres una sabandija que hay que aplastar con el tacón—me decía, mientras yo me moría de risa.
III
EL CURA MERINO, DE CERCA
Por esta época veía yo casi todas las mañanas al cura Merino y hablaba con él.
Nunca me fué simpático. Lo encontraba soez, egoísta y brutal.
Su manera de ser la constituía una mezcla de fanatismo, de barbarie, de ferocidad y de astucia. Era, en el fondo, el campesino, tal como suele ser en todas partes cuando las circunstancias desarrollan en él los instintos de lucha.
El campesino produce el guerrillero, y éste se suele desdoblar en dos tipos: el tipo generoso, comprensivo, que llega á perder su carácter de hombre de campo: Mina, el Empecinado, Zurbano; y el tipo sórdido, intransigente, invariable: Merino.
El primero es un ser de excepción; es un hombre de instinto que aspira á convertirse violentamente en un hombre de razón; es un espíritu que tiene fe en sí mismo y en los demás; el segundo, por el contrario, desconfía; teme todo cambio; cree que la menor transformación de la vida aniquilará su personalidad.