—Es verdad. ¿Y cuándo le juzgarán?
—Dentro de unos días. En los periódicos lo podrás ver.
—Quizás vaya. ¡Adiós!
—Adiós. Si vas; avísame.
CAPÍTULO VIII
Cómo cogieron al Bizco y no vino la buena.—Nunca viene la buena para los desdichados.
Don Alonso de Guzmán Calderón y Téllez, había encontrado la manera de ganarse la vida en el Cinematógrafo Salomón, por otro nombre el Cinecromovidaograph. El dueño del Cinecromovidaograph era Salomón, no precisamente el del templo, sino un hombre chiquito y malhumorado, barbudo y de color de cobre, que se llamaba ó se hacía llamar así. Este hombre, cuyo hígado debía tener proporciones impropias de un hígado modesto y normal, vivía con su mujer y dos hijas en una barraca de su propiedad, que se armaba y se desarmaba y para viajar tenía un carretón, una roulotte, tirada por un caballo normando.
Salomón podía haber sido feliz; el cinecromo daba mucho dinero; los negocios marchaban bien, y sin embargo, Salomón era desgraciado.