—Pero, ¿tú has trabajado? ¿Tú has aprendido oficio?
—Sí, he sido criado, panadero, trapero, cajista y ahora golfo, y no sé de todo eso lo que es peor.
—¿Y habrás pasado muchas hambres, eh?
—Uf... la mar... y si fueran las últimas.
—Pues lo serán, hombre, lo serán si tu quieres.
—¿Cómo? ¿Poniéndome otra vez á trabajar?
—O de otra manera.
—Pues yo no sé cómo se puede vivir de otra manera, chico; ó hay que trabajar, ó hay que robar, ó hay que ser rico, ó hay que pedir limosna. De trabajar he perdido la costumbre, para robar no tengo agallas, rico no soy, con que me tendré que poner á pedir limosna. A no ser que caiga soldado un día de éstos.
—Todo eso que dices—replicó Vidal, es una pura pamplina—. ¿De mí se puede decir que trabajo? no; ¿que robo ó que pido limosna? tampoco; ¿qué soy rico? menos... y ya ves, vivo.