—Lo que entiende todo el mundo: que tenía malas entrañas y martirizaba al que era más débil que él.
—¿Usted tiene una querida?
—¿Es una mujer pública?
—Sí, señor—tartamudeó Manuel temblando de dolor y de ira.
—¿Cómo se llama?
—Justa.
—¿Dónde vive?
—No sé; se marchó de mi casa anteayer.
—¿Dónde la conoció usted?