—¿Querrá Alex?

—Con tal de que quiera el chico.

—¿Le hablarás?

—Sí, ahora mismo.

—¿Cuento con que escribirás esas cartas?

—Sí.

—Bueno; me voy, que tengo que comprar unos cristales. ¡Háblale al chico!

—Descuida.

—Gracias por todo. Y vete por mi casa, ¿eh? Mira que de eso depende mi porvenir y el de mi padre.

—Iré por allá.