UNIDAD DEL ASUNTO

Respecto a la unidad del asunto, al aislamiento del proceso de la novela de otros próximos, indudablemente está bien siempre que se pueda realizar. El no conseguirlo o el no practicarlo es un defecto; de ahí que las novelas que se continúan en otras tengan siempre un aire fragmentario y poco definitivo.

La novela debe encontrar la finalidad en sí misma —una finalidad sin fin—; debe contar con todos los elementos necesarios para producir su efecto; debe ser, en este sentido, inmanente y hermética.

La novela cerrada, sin transcendentalismo, sin poros, sin agujeros por donde entre el aire de la vida real, puede ser indudablemente y con mayor facilidad la más artística.

LA NOVELA DE ARTE PURO

Existe la posibilidad de hacer una novela clara, limpia, serena, de arte puro, sin disquisiciones filosóficas, sin disertaciones ni análisis psicológicos, como una sonata de Mozart, pero es la posibilidad solamente, porque no sabemos de ninguna novela que se acerque a ese ideal.

Escriben, yo lo he leído en alguna parte, que cuando se estrenó el Don Juan, de Mozart, el rey o uno de los personajes de la corte dijo al músico:

—Su ópera está muy bien; pero hay en ella demasiadas notas.

A lo cual contestó el maestro con sencillez:

—No hay más que las necesarias.