Un estudiante de cura, llamado Berthet (en la novela Sorel), guapo, reconcentrado, inteligente, entra de preceptor en la familia de Madame de La Tour (en la novela Madame Renal); le hace el amor hábilmente y va a conquistarla cuando el marido lo nota, y lo echa de casa. Berthet se refugia, por algún tiempo, en el Seminario, y, al salir de él, entra de nuevo de preceptor de la hija del conde de Cordón, pone sus redes para seducir a la niña (en la novela, Matilde de la Mole), y el padre, al saberlo, lo echa de casa. Entonces Berthet, desesperado y roído por el despecho, viendo por otra parte que el escándalo levantado alrededor de su nombre le impide ser cura, va a la iglesia del pueblo, encuentra a Madame de La Tour rezando y la mata de un pistoletazo, como Sorel, en la novela, mata a Madame Renal.
El argumento en sí y la psicología en conjunto del personaje ambicioso son mucho más lógicos en el proceso verdadero que en la novela de Stendhal. El tiro a la Madame de La Tour, en la realidad, está muy legitimado. Es el despecho del seminarista al verse cogido, humillado, sin porvenir. En la novela, no. En la novela, Sorel es un hombre que ha triunfado; es rico, poderoso, tiene una posición, ha enamorado a dos mujeres extraordinarias, de un tipo que no se puede encontrar más que rara vez, si es que alguna vez se encuentra en la vida. ¿Por qué va a tener despecho y rabia?
Antes de saber en dónde estaba inspirado Le Rouge et le Noir, siempre me produjo una sensación de cosa absurda el tiro de Sorel a Madame Renal.
Se ve que Stendhal, al aprovechar el proceso Berthet y al arreglarlo a su modo, produjo una serie de contradicciones psicológicas.
El quería hacer de su héroe el hombre inteligente, oscuro y plebeyo, que triunfa sin abdicar en nada; quería que Madame Renal fuese encantadora, de un encanto no corriente; que el marido fuese un imbécil, lo que dentro de las pragmáticas del romanticismo era indispensable, pero que en la vida no sucede siempre; que la señorita de La Mole fuese extraordinaria, y otra porción de cosas imaginadas, que no son nunca en la realidad así.
En este sentido se ve que Le Rouge et le Noir es tan sueño como puede ser un cuento de niños, y tan lejos de la perfección psicológica como una novela de caballería.
Si un novelista de tantas condiciones como Stendhal hubiera escrito otra novela, sin apartarse nada del proceso Berthet, haciéndole al héroe fracasado en sus amores y en su carrera, se hubiera dicho: ¡Qué pesimismo! La vida no es así.
Si la vida es así, con raras excepciones, es turbia, oscura, sin brillo. La novela quizá es la que no debe ser como la vida.
Respecto a Dostoievski, sus personajes son indudablemente claros y con una psicología claramente determinada; pero lo son así, no solo porque están construidos por un hombre genial, sino porque todos son locos e inconscientes.
En Dostoievski, lo inconsciente domina, y lo inconsciente es más instintivo, más fatal y más lógico que lo racional. Así llegaríamos a una solución, a primera vista absurda, pero que no lo es, y que consistiría en afirmar que los personajes de psicología más clara y mejor determinada son los inconscientes y los locos. Los héroes antiguos clásicos, Aquiles, Ulises o Eneas, eran indudablemente sanos, limitados y mediocres; los héroes modernos, en cambio, desde Don Quijote y Hamlet hasta Raskolnikof, son inspirados y locos. Toda la gran literatura moderna está hecha a base de perturbaciones mentales.