Después de la poda de Leguía, el editor actual ha tenido que hacer nuevos cortes en el manuscrito, para dar al Viaje sin objeto cierta proporción de obra de arquitectura, o, por lo menos, de albañilería modesta.

Ciertamente, Thompson no era un académico, ni un clásico, y es posible que las tragedias de Racine le parecieran grandes monumentos de cartón piedra.

También hay que reconocer que Thompson no se mostraba siempre hombre serio y razonable, y que muchas veces parecía no comprender la diferencia entre lo trascendental y lo fútil.

Lo único que se puede decir en su descargo es que Thompson no aspiró nunca a terminar su Viaje sin objeto en el Parnaso, porque, de ser así, hubiera sido el suyo un viaje con objeto, y él creía que en el segmento de nuestra limitada vida nada tiene objeto ni fin.


PRIMERA PARTE
UNA VIDA INSIGNIFICANTE

I.
EL VIAJERO Y SU CANCIÓN

Yo soy un hombre que ha salido de su casa por el camino, sin objeto, sin saber por qué, con la chaqueta al hombro, al amanecer, cuando los gallos lanzan al aire su cacareo estridente, como un grito de guerra, y las alondras levantan su vuelo sobre los sembrados.

De día y de noche, con el sol de agosto y con el viento helado de diciembre, he seguido mi ruta, al azar: unas veces, asustado ante peligros quiméricos; otras, sereno ante realidades peligrosas.