Mareado y algo intoxicado me despedí de Montmartin y me fuí a la fonda. Al día siguiente me levanté temprano y salí a la calle. Vi muchos grupos de españoles que me dijeron eran realistas, y entre ellos un cura y un fraile, el uno con su gran sombrero de teja y el otro con su cerquillo.

Los dos tiraban al blanco con carabina y tenían una magnífica puntería.

—Son soldados de la Fe—me dijo un francés que debía ser realista entusiasta.

—No cabe duda que con esa puntería—le contesté yo—han de ganar muchas almas para el cielo.


XV.
MARY LA DE BIRIATU

En la fonda de Bayona me dijeron que podía ir a San Juan de Luz a caballo en un cacolet. No sabía lo que era esto, que resultó un artefacto que en castellano llaman jamugas.

Llegué a San Juan de Luz en mi cacolet; dejé el morralillo en un fonducho de la salida del pueblo y fuí a estirarme las piernas hacia la playa.

Me sorprendió un chubasco y entré en un café pequeño y me senté delante de una ventana con cristales, y estuve contemplando cómo chocaban las gotas de agua en la tierra, y las nubes que corrían por el cielo.