Nos acercamos al barco, que parecía un gran pez negro sobre el agua, y entramos en él.
Al pasar por delante de Algeciras se me humedecieron los ojos con el recuerdo de Dolores.
Estas cuartillas leí a mistress Hervés, en el mirador del castillo de Ondara, una tarde de verano.
Mi aventura en Grecia, quizá por ser insignificante, no la he escrito todavía. No sé si la escribiré alguna vez.
Itzea-Vera del Bidasoa.—Octubre, 1916.
FIN DE LA RUTA DEL AVENTURERO