Los días de niebla, muy frecuentes en el invierno bayonés, el Adour parecía un lago de color de perla; no se veían sus orillas y los barcos, a lo lejos, tomaban un aire espectral, sobre todo cuando extendían sus grandes velas amarillentas.
III
CHIPITEGUY Y SU FAMILIA
Alberto Dollfus, conocido en Bayona por el apodo de Chipiteguy, era un viejo de cerca de setenta años, dedicado a la venta de trapos y de chatarra.
Dollfus, alsaciano de origen, llegó a Bayona, en tiempo de la Revolución francesa, de soldado; se estableció en la ciudad y estuvo en España de contratista del ejército durante la invasión napoleónica.
Dollfus se casó, a principios de siglo, con María Chipiteguy, la hija de su antecesor en el comercio de trapos y hierro viejo de la plaza del Reducto. Alberto Dollfus y María Chipiteguy tuvieron dos hijos, Juan y Graciosa. Juan, de instintos aventureros, fué a América; intentó hacer fortuna en distintos puntos, no lo consiguió, y por último, desapareció y no se supo nada de él.
Graciosa Dollfus se casó con un contratista de obras llamado Ignacio Ezponda. De este matrimonio nació una niña, María Ezponda, a quien llamaban Manón. Ignacio y Graciosa murieron jóvenes; él, de un accidente del trabajo; ella, del cólera, en la primera epidemia que asoló a Europa. Manón quedó con su abuelo, quien tenía por su nieta un gran cariño; el viejo sirvió de madre a la niña, la cuidó y la educó.
Alberto Dollfus, conocido por Chipiteguy, era hombre de pelo blanco y barba también blanca, larga, con tonos medio rojizos, nariz curva, ojos profundos, de expresión viva, debajo de unas cejas cerdosas y salientes.
Chipiteguy andaba con frecuencia con un balandrán de percal negro, mugriento, y boina de lana. Para salir a la calle solía llevar sombrero de copa alta, como un tubo, y zapatillas. Con esta indumentaria no se diferenciaba gran cosa de los judíos comerciantes y traperos del barrio de Saint Esprit, y algunos le tomaban por un hijo de Israel.