Dos meses estuvimos en Santa Cruz viviendo miserablemente; no teníamos dinero ni medio alguno de existencia; no llevamos trajes ni ropa interior. La gente de la isla nos recibió muy bien. El comandante general y los militares nos trataron con atención. Llegamos a convencer a la mayoría de la gente que nosotros no éramos los asesinos que habían degollado a los prisioneros de la Ciudadela de Barcelona.
Escribimos varias exposiciones y manifiestos dirigidos al Gobierno. Cuando vimos que no tenían resultado alguno, y como no estábamos vigilados, Bertrán Soler y yo nos dispusimos a evadirnos, y nos arreglamos con un barco contrabandista que nos llevó a Argel.
RESUMEN
—¿Así que usted cree que Gil de la Cuadra lo envió a usted a Barcelona para inutilizarlo?
—Sí.
—¿Y Mendizábal colaboró en eso?
—No; creo que Mendizábal obró de buena fe.
—Y en Barcelona, ¿quién provocó la matanza?
—La gente, el pueblo...; pero Alvarez, Feliú de la Peña y Xaudaró dejaron hacer.