Un día el Caragol vino con tres mujeres, que dijo eran hermanas de la que vivía con él. No se sabía de dónde llegaban. Hablaban estas mujeres una lengua mixta de catalán, de italiano y de ruso.
Venían de muy de lejos; quizá ni ellas mismas sabían dónde habían nacido. La gente creía que eran gitanas o medio gitanas estas hijas de la tierra. La Teodora, la del Caragol, al lado de ellas se destacaba como una Venus, confirmando la idea de los antiguos griegos de que Venus era hermana de las arpías.
Mientras el Caragol estaba enfermo, la Teodora anduvo enredada con un marinero. Sus hermanas, las tres flacas, secas, negras, malhumoradas, chillonas y amenazadoras, trabajaban en el bancal de la casa del Negre, lavaban la ropa y salían a pescar pulpos entre las rocas.
Las llamaban la Nas, la Escombra y el Mussol: la Nariz, la Escoba y el Mochuelo.
En mi poema, en donde les di también entrada a estas mujeres, eran Alecto, Thisiphone y Megera.
La Teodora tuvo una hija muy rozagante del marinero, y luego, en tiempo de la guerra de la Independencia, se enredó con Bianchini, el soldado de la legión italiana a quien llamaban el Dimoni, del que tuvo un hijo.
Poco después, el Caragol murió, y la Teodora desapareció del pueblo dejando a sus supuestas hermanas la chica y el chico.
Las tres viejas arpías, la Nas, la Escombra y el Mussol, quedaron en la casa del Negre, trabajando como bestias para mantener a los dos sobrinos.
Por lo que se supo después, las tres furias hacían contrabando.
Algunas noches se veían luces en el mar y en la casa del Negre; después un falucho se acercaba a la costa frente al Hostal de la Cadena, y tres sombras iban a la pequeña playa, entraban en el mar y salían con pesados fardos, que iban subiendo a depositarlos en el Hostal de la Cadena y en la casa del Negre. Paquetes de tela, de tabaco y armas para los carlistas habían sido llevados al hombro por aquellas tres mujeres.